Al frente del consultorio Fisioarth está Jaqueline Maria Burkot, de 35 años, fisioterapeuta y empresaria, quinta generación de polacos en Brasil. Sus antepasados emigraron en 1885 desde la región de Galitzia, entonces bajo dominio del Imperio Austrohúngaro, hacia el sur del país. Hija de agricultores, Jaqueline creció entre el trabajo rural y un hogar donde el polaco era más que un recuerdo: era una lengua viva.
Aun después de más de un siglo desde la llegada de su familia a Brasil, el idioma se transmitió de generación en generación. Sus abuelos maternos y paternos hablaban polaco, que se convirtió en su lengua de herencia. En la escuela, siendo todavía una nena, contó con el apoyo de una maestra sensible que comprendía el idioma y facilitó su adaptación al portugués.
La herencia cultural siempre estuvo ligada a la fe y a la música. Su bisabuelo, Albino Kosiba, cantaba en la iglesia de la comunidad de San Miguel, en Thomaz Coelho, considerada un hito de la inmigración polaca en Araucária. Impulsada por su abuela Emilia Kosiba y su abuelo Luiz Tocarski, Jaqueline aprendió a leer en polaco, especialmente textos religiosos. A los nueve años cantó para el obispo polaco Szczepan Wesoły durante una visita a Brasil, interpretando la canción “Najświętsza Panno Gidelska”. Desde entonces participó en coros, desfiles y festividades típicas. Tiene como inspiración al Papa Juan Pablo II, símbolo de la identidad católica y polaca que busca mantener viva en Brasil.
El uso del polaco en la rehabilitación ha aportado beneficios cognitivos y motores a los pacientes Fuente: Fisioarth
La lengua como herramienta terapéutica
Hace dos años, al abrir su clínica, Jaqueline advirtió algo que transformó su práctica profesional. En muchas familias descendientes de inmigrantes polacos, al menos parte de las conversaciones cotidianas todavía se dan en la lengua de herencia. Al incorporar el polaco en las sesiones, notó un cambio inmediato en el comportamiento de los pacientes.
Se mostraban más receptivos, colaborativos y emocionalmente comprometidos con el tratamiento. Aumentaba la constancia en los ejercicios, se fortalecía la confianza y el clima terapéutico se volvía más ameno. “Es como si hubiera una segunda terapia ocurriendo al mismo tiempo”, suele explicar.
Un episodio especialmente significativo ocurrió al atender a una paciente que había sufrido un ACV. Al cantar en polaco durante la sesión, Jaqueline observó que, además de tranquilizarse, la mujer intentaba seguir las palabras. De a poco volvió a emitir sonidos y luego a reproducir términos completos — en polaco, idioma que comprendía mejor que el portugués en esa etapa de la rehabilitación.
Casos similares se repitieron con pacientes neurológicos, como personas con Parkinson, Alzheimer y otras demencias. En muchos cuadros degenerativos es frecuente la regresión a recuerdos de la infancia. Y para parte de estos descendientes, la infancia transcurrió en polaco. Al acceder a esa dimensión afectiva y lingüística, la fisioterapia encuentra un puente directo hacia zonas profundas de la memoria.
La conexión emocional favorece la liberación de neurotransmisores asociados al bienestar, mejora el estado de ánimo y reduce la resistencia al esfuerzo físico. El resultado es un paciente más comprometido, con mayor disposición para realizar movimientos repetitivos — fundamentales en la rehabilitación motora — y con una evolución funcional más rápida.
Beneficios motores y cognitivos
Los beneficios van más allá del plano emocional. La estimulación bilingüe durante los ejercicios contribuye a:
- Una activación cognitiva ampliada, estimulando memoria, atención y lenguaje de manera simultánea.
• Una mejora en la coordinación motora, especialmente cuando los movimientos se asocian al ritmo de canciones.
• La estimulación de la neuroplasticidad, clave en rehabilitaciones post-ACV.
• Un mayor nivel de adherencia al tratamiento, factor decisivo para lograr resultados clínicos sostenidos.
La música en polaco, muchas veces solicitada por los propios pacientes, transforma sesiones técnicas en momentos de participación activa. Hay risas, recuerdos y anécdotas del pasado compartidas entre estiramientos y ejercicios de fortalecimiento.
Actualmente, cerca del 80% de las atenciones domiciliarias se realizan en polaco; en el consultorio, aproximadamente la mitad de las sesiones utiliza el idioma. La repercusión en redes sociales amplió la demanda. Nuevos pacientes llaman preguntando si ella es “la fisioterapeuta que atiende en polaco”.
De manera llamativa, incluso personas sin ascendencia polaca comenzaron a interesarse. Algunos llegan saludando en polaco, piden aprender palabras y participan en los cantos durante la terapia. El espacio se vuelve intergeneracional: nietos e hijos se involucran, preguntan cómo se reza, cómo se canta, cómo se pronuncian ciertas expresiones.
Rehabilitación realizada en lengua polaca Fuente: Fisioarth
Identidad que sana
El polaco que habla Jaqueline no es idéntico al idioma contemporáneo de Polonia. Se trata de una lengua de herencia, preservada desde el siglo XIX, con vocabulario campesino traído por los inmigrantes: un verdadero patrimonio cultural inmaterial. Es justamente esa forma ancestral la que conmueve a sus pacientes, porque es la lengua de la infancia, de la familia, de la iglesia y de la memoria afectiva.
Para ella, el idioma representa identidad, pertenencia y continuidad. Su hijo Arthur, de dos años, ya forma parte de la sexta generación de la familia en Brasil y comienza a construir su pequeño vocabulario en polaco, pidiéndole a su mamá que le cante en esa lengua.
En la clínica de Araucária, la rehabilitación física avanza de la mano con la preservación cultural. Más que recuperar movimientos, la fisioterapia realizada en lengua polaca ha logrado restablecer vínculos, despertar recuerdos y devolver a los pacientes algo esencial: la sensación de ser comprendidos en su propia historia.
Dr Fabricio Vicroski